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Zamacois, Elisa (soprano bilbaína)

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Este reportaje incluye el que se publicó en la revista VIDA VASCA, en 1970.
Enlace para ver el interesante capítulo editado en WIKIPEDIA

 
EVOCACION DE UNA CANTANTE BILBAINA: Elisa Zamacois
         Por ANGEL SAGARDIA

 



 
La tiple Elisa Zamacois vio la luz primera en la capital de
Vicaya el año 1841. Sus triunfos fueron excepcionales
durante una etapa de esplendor de la zarzuela.

 
         Bilbao, cuna de los tenores Duguen de Eguileor y Florencio Constantino, lo es también de la tiple Elisa Zamacois, que triunfó durante una etapa de esplendor de la zarzuela.
         Pudo haber sido cantante de ópera, pero mostrando su amor a España prefirió serlo de zarzuela, nuestro genuino teatro lírico.
         Vio la luz primera en la capital de Vizcaya el año 1841.
         Su padre, maestro director de un colegio, alentó y facilitó su afición artística, conforme hizo con tres hijos más; Niceto, Eduardo y Ricardo, que cultivaron la poesía, la pintura y la declamación, respectivamente.
         Elisa, merced a la ayuda de su progenitor, tras realizar algunos estudios en Bilbao, pudo desplazarse a Madrid, donde los continuó en el Conservatorio.
         De Francisco Asenjo Barbieri compositor que nacionalizó la zarzuela, con sus inmortales "Pan y toros" y "El Barberillo de Lavapiés"—, escuchó eficaces consejos para interpretar música española.
         A los dieciséis años de edad, durante la temporada 1857-1858, debutó en el teatro de la Zarzuela, con la producción del nombrado Barbieri "El marqués de Caravaca". Atrajo la atención de público y crítica y seguidamente cantó "Los magyares" y "El lancero", de Gaztambide, "Los diamantes de la corona", de Barbieri, "El planeta Venus", de Arrieta, y diversas obras más en el curso de tres temporadas consecutivas que actuó en el coliseo citado.
         A una función a beneficio suyo asistió la reina Isabel II que le regaló unos pendientes de brillantes,
         Elisa lo reunía todo, esbelta figura, belleza, voz, simpatía, arte y talento. Lo mismo entusiasmaba a los oyentes cantando que declamando. Sus triunfos fueron más excepcionales ya que tenía grandes competidoras, las famosas tiples Ramírez, Di-Franco...
         Debido al intenso trabajo se le quebrantó la salud y dejó de actuar algún tiempo. Una vez restablecida, marchó a Italia pues deseaba completar sus estudios de canto, lo que efectuó con el profesor Corsi. Se difundió su valía y le ofrecieron ventajosos contratos para interpretar óperas en Turín, Milán y Venecia, pero prefirió volver a España. Se presentó en Madrid, llevó a cabo una gira por provincias y se personó en Lisboa, alcanzando triunfos resonantes; fue la cantante de moda, por lo que dieron su apellido a gran número de artículos, dulces, perfumes, peinados e incluso titularon "Zamacois” a un vaporcito que atravesaba la ría.
         Después de actuar en Málaga y Valencia volvió a la entonces villa y corte debutando en la Zarzuela; representó "Una vieja", de Gaztambide, y "El tesoro escondido" y "El secreto de una dama”, partituras ambas de Barbieri.
         El libretista Narciso Serra y el maestro Manuel Fernández Caballero conservaban inédita, desde hacía siete años, una obra por no encontrar tiple con facultades suficientes; la encomendaron a la Zamacois y el 18 de octubre de 1867 se les estrenó; se trataba del idilio musical "Luz y sombra", en dos actos, que la extraordinaria artista hizo triunfar plenamente. Dio a conocer otras producciones y en 1869 marchó a La Habana y Méjico en la gran compañía que formó Gaztambide. De regreso representó por vez primera, en 1870 y 1871, "El Molinero de Subiza", de Oudrid, y "Los holgazanes", de Barbieri.
         Salió de nuestra patria para cumplir un ventajoso contrato en Lima; conoció a| barítono Enrique Ferrer con quien contrajo matrimonio. Actuó en La Habana en dos ocasiones más, obteniendo, según han afirmado, "regalos de gran valor y una regular fortuna".
         De vuelta en Madrid, el 2 de febrero de 1876 estrenó la zarzuela "La Marsellesa", de Ramos Carrión y el maestro Caballero, meritísima, de la que hizo una verdadera creación. Desempeñaba el papel de Flora, hija del pueblo que se halla enamorada del poeta, músico y soldado francés Rouget de Lisle (escribiría el himno nacional francés "La Marsellesa") y, para estar cerca de él, se alista como cantinera entre los voluntarios que van a defender la patria. La noche del estreno, su aparición en escena en el primer número de la obra, cantando: "¡Yo con vosotros quiero partir!" produjo intensa emoción en el público; la canción "Yo con vosotros la frontera — a la vanguardia pisaré..." se la aplaudieron frenéticamente. En la romanza del acto segundo, en el dúo de tiples del tercero, y en los diálogos que le preceden y siguen, además de arrancar aplausos, arrancó también lágrimas a los espectadores. Se movía magníficamente en escena, la llenaba, por lo que en el final del acto primero de la nombrada zarzuela, en el que no se habla ni se canta, consiste en el desfile de voluntarios alsacianos que parten a la guerra a los acordes Je un pasodoble, electrizaba a la concurrencia. El 1 de enero de 1884 que se presentaba "La Marsellesa", en Apolo, hubo de repetirse el número tres veces, y el escenario se llenó de sombreros, gorras y hasta americanas en honor de la Zamacois, por sus marciales movimientos. La parte de Flora es extensa y está escrita en tesitura elevada, no obstante lo cual, mediante su excepcional resistencia, a continuación de la primera representación la cantó quince noches seguidas; luego, otras tiples, a la cuarta vez que la interpretaban tenían que descansar.
         El mencionado año 1876 dio a conocer otra creación importante, la ópera de Antonio Arnao y Tomás Bretón "Guzmán el Bueno". En la revista "La Opera Española", escribieron acerca de su actuación en la obra bretoniana: "Qué acentuado calor dramático imprime a su papel de Doña María!”.
         A propósito de sus intervenciones en "El marqués de Caravaca”, aseveraron: “Posee singulares condiciones, así consigue hacer derramar lágrimas, como reír a mandíbula batiente". En "El reloj de Lucerna”, zarzuela de Marcos Zapata y Miguel Marqués, encarnaba a una viuda de un patriota suizo, víctima de la tiranía, del que tenía un hijo, muchacho a quien los partidarios del padre educaban para caudillo de sus ideales; descubría la lucha entre sus ansias de vengar la muerte del esposo y el temor por la vida de su hijo: de tal modo expresaba esa lucha y ese temor, que los oyentes la aplaudían emocionados.
         Su hermano Eduardo alcanzó en la pintura notoria fama; discípulo de Fortuny, expuso numerosas veces, incluso en el extranjero; Ricardo fue excelente actor, tanto en el género lírico como en el verso Actuó en los más importantes teatros patrios, y Niceto publicó muchos trabajos en verso, en "La España Artística", del 1 de febrero de 1858, insertó el siguiente soneto:

         “Formó del Orbe, Dios la arquitectura,
         grande como él. a su poder sujeta;
         y canta, dijo al músico poeta,
         y al pintor, pinta la sin par natura,
         Y poesía y música y pintura,
         siempre acatando lo que Dios decreta,
         juntas caminan. cada cual discreta,
         cumpliendo su misión sagrada y pura.
         Cantante, canta, pues, hermana mía;
         pintor, prepara hermano sus pinceles;
         poeta, el estro délfico me guía;
         y los tres juntos, al mandato fieles,
         sigamos uno a Euterpe. otro a Talía,
         y otro al divino, inimitable Apeles."

 
         La Zamacois llego a cobrar 250 pesetas por función, cantidad elevada en aquellos tiempos.
         En 1884 se leyó en "La Correspondencia Musical" que llevaba cuatro años retirada en su hotel de la Castellana, y se esperaba volviese al teatro, pues se hallaba en el apogeo de sus facultades, que bien lo mostró al ser solicitada por la tiple Almerinda Soler Di-Franco para que actuase con ella en su beneficio interpretando "El dominó azul", de Arrieta. En el difícil dúo de tiples del acto tercero, el éxito lo logró la Zamacois, hecho que reconoció y divulgó la cantante homenajeada, que era tan excelente artista como mujer sensata.

 

ELISA ZAMACOIS. por "CILLA"
(En el pie del dibujo, constaba):
“Hermosa como mujer,
como tiple, superior...
Fue perla del arte, ayer
y es hoy también la mejor,
la Zamacois de Ferrer.”

 

 
         Al parecer. Elisa Zamacois murió en Buenos Aires adonde se desplazó con su marido a fin de encontrar a un agente de negocios a quien había confiado sus ahorros y huyó con ellos.
         La gran artista bilbaína Elisa Zamacois, como hemos visto, puso su arte al servicio de las más importantes zarzuelas de Gaztambide, Arrieta, Barbieri y Oudrid, inolvidables compositores que, con Rafael Hernando, fundaron nues­tro teatro lírico nacional: la zarzuela.


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