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Iparraguirre, José Mª. (bardo)

Escritos sobre música > TEMAS GENERALES > Iparraguirre, José María (bardo)


IPARRAGUIRRE
Y
EL ÁRBOL DE GUERNICA

BIBLIOTECA BASCONGADA DE FERMÍN HERRÁN
TOMO II
B I L B A O
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Imprenta de la BIBLIOTECA BASCONGADA
Müller y Zavaleta, Gran Vía 24
1896




   El año 1832 mis padres me llevaron a Vitoria a estudiar gramática latina en el Campillo, siendo rector el severo Sr. Izaga; a principios del 33 pasé a Madrid y estudié algunos meses en San Isidro el Real, regentado por los R. P. Jesuitas. A la muerte de Fernando VIIl tomé las de Villadiego, y, como Dios quiso, llegué a las montañas eúskaras, y sin más opinión que el amor a mis paisanos, senté plaza de voluntario, primero con Iturriza, aunque después pasé al batallón de D. Joaquín de Alzáa; más tarde fui guardia de honor de D. Carlos, hasta la terminación de la guerra.
   Cuando emigré a Francia estaba en la flor de mi edad; (tenía 19 años). Por recomendación de una señora noble y distinguida, pasé un año en casa de un señor, noble también, pero con ideas muy liberales; en su compañía aprendí el francés, y leí algunos libros de poesías de Lamartine, Chateaubriand, Lamennais, etc., a lo que se redujo mi poco saber. Después, el afán de viajar me llevó a París y a Lyon, y continué mi peregrinación pasando y repasando los Alpes, por el monte Ceñís, el San Gottardo, el Tyrol y otros puntos: tuve también la curiosidad de subir al famoso panorama del Righí; que, según los turistas, es la vista más pintoresca de Europa. ¿Creerán ustedes que el amor a mi país me hacía soliloquear en nuestra noeniana lengua Eúskara? Pues sólo así se comprende el que no haya olvidado nuestro filosófico lenguaje No tengo gramática ni diccionario, no tengo la Historia de España; sólo tengo una Geografía universal de Letronne, y unos 50 números de La Paz, redactados por mis queridos hermanos los Girondinos Vascongados (sic).
   Me dicen ustedes que les pinte mi verdadera situación: hace 18 años me casé en la ciudad de Buenos Aires, en la Iglesia de San Ignacio; a los pocos meses vine a esta República; y me agradó más por ser más pintoresca, y, sobre todo más montuosa. (¡Siempre me han gustado las montañas!)
   Tengo seis hermosas niñas y dos varones, el mayor tiene 16 años, y el menor un mes (¡no se asusten!); de las niñas la mayor tiene 12 años. En todo este tiempo he presenciado siete u ocho revoluciones, sin mezclarme en los disturbios del país ¡suspirando siempre por mi amadísima patria! He tenido buenas habitaciones, que para nada me han servido, porque no tenemos un año bueno, pudiendo decirse que hemos sufrido las siete plagas, de manera que tengo muy cortísima fortuna, recolectada en Buenos Aires y en el Paraguay. El Sr. Romero Giménez, director de El Correo Español, que hace cuatro meses y medio está preso en un buque de guerra, por cuestiones políticas, fue el noble y generoso iniciador de la suscripción en mi favor, que me produjo algún dinero. ¡Pobre amigo y compatriota! ¡Qué no haría yo por él! ¡Impulsos he sentido muchas veces de correr a su lado para consolarle en sus infortunios y acompañarle en su cautiverio!
   ¿Y quién de ustedes fue el inspirado amigo que publicó mis humildes versitos en La Paz? Tengo mucho empeño en saberlo, porque no fue inspiración humana, sino divina, pues todo el Río de la Plata se puso en movimiento para socorrerme, y esto en una época de calamidades para este desgraciado país. Lo más gracioso es que ingleses, franceses, italianos y portugueses, han dado su óbolo suscribiéndose, según sus medios y facultades. Esto es admirable, y me han hecho decir en nuestra querida lengua lo siguiente:

Gure anayac dirá Españolac
Gure anayac Francesac,
Adiskideac Italianoac
Alemán eta Inglesac
Oro bat dirá Lusitanoa
Beti onguille gurezat,
Mundu gucian zabalcen dirá
Eukaldunenzat biotzac.

TRADUCCIÓN
Hermanos nuestros son los Españoles,
hermanos también los Franceses, amigos
los Italianos, los Alemanes y los Ingleses,
así como los Portugueses, siempre bienhechores
para nosotros, pues por todo el
mundo abundan los corazones nobles para
los Vascongados.

   Y esto es cierto; por todas partes se buscan trabajadores vascongados; y de ahí el afán de estos gobiernos en poblar el país con familias euskaras. Es curioso ver a nuestros paisanos fraternizar con los gauchos, negros, pardos y mulatos enlazando toros en las yerbas, y echando cada lecaicoa que vale un imperio. No son así los de las demás naciones, porque no les quieren bien. ¿A qué se debe esta preferencia por los vascongados? Cuestión es digna de estudio: pero no por eso aconsejo yo a mis queridos paisanos que abandonen sus hogares, para venir a estas playas en busca de mejor suerte; lo que encontrarán serán pesares y desengaños. Esos brazos de tantos emigrantes hacen muchísima más falta en España, nuestra querida patria.
   Temo molestar a ustedes; pero, ¡tengo tanto que recordar! Los momentos son supremos para mi afligido corazón... que suspira sin cesar por la bendita tierra eúskara.
   Hace 25 años que, acompañado por la benemérita guardia civil, iba a cumplir mi destierro; pasaba por Güeñes, y el ilustre vizcaíno señor Arrieta Mascárua me dio hospitalidad en su casa, donde pasé una noche. Como recuerdo, me obsequió con una hermosa composición que conservo como santa reliquia; quisiera copiarla
toda, pero es larga para mandarla en esta carta. Espero, queridos y distinguidos paisanos, que me honrarán con su contestación, porque todo cuanto me pone en contacto con nuestro amado país, llena de inefable consuelo mi alma...
   Soy de ustedes el más entusiasta paisano y amigo Q. B. S . M., José María de Iparraguirre


   Tal es la cariñosa epístola del celebrado poeta vascongado. Sencilla, espontánea y natural, como toda su historia, como sus cánticos y como su corazón.
   He aquí, ahora, la tierna poesía que en el alma le he agradecido:
OROITZA
Herran, Manteli, Arrese jauna,
Eta Becerro Bengoa,
Badet aspaldi, biotz guztiti
Ezaguceco gogoa:
Tuec becela ditut maitacen
Jaungoicoa eta Fueroac,
¡Ay! baña ez nau pakean uzten
Lurraren amorioac.
Ichaso aldera, betí beguira...
Zabal zabalic beguiac...
Oh ¡Jaun maitea..., cer urrun dirán
Kuskal-errico mendiac...
Ara... ontá bat, goacen atozte?
Nere aur polit çaiso ac...
Bildirric gabe, juan zaitezte
Chit maite gaitu Jaincoac.
Mundu zarrean, no la berrian
Izanguitecen prestuac
Guizonarenzat eguian cituan
Ur, eta Lurrac Jaincoac:
Zabaldu bedi anaytasuna
Amoriozco cantuac
Gucienzat du itzal ederra
Gure arbola santuac.
José María de Iparaguirre.

TRADUCCIÓN
RECUERDO
   Tengo hace mucho tiempo, de todo corazón, deseos de conocer a los Sres. Herrán, Manteli, Arrese y Becerro Bengoa, pues de la misma manera que ellos amo a Dios y a los fueros. ¡Ay! no me deja en paz el amor hacia mi tierra!—Siempre mirando hacia el mar, están anchos, muy anchos, mis ojos. !Oh Dios amado! cuán lejos están las montañas del pueblo eúskaro. Allá un barco se va... vuelve...; hijos queridos, sin miedo podéis marchar, pues nos ama mucho nuestro Dios.—En el mundo viejo, como en el nuevo, para que el hombre sea trabajador, crió Dios los mares y las tierras: estrechemos los lazos de la fraternidad; pues para todos tiene hermosa sombra nuestro árbol Santo.

   Por su parte, mi hermano Julián, al enviar estos gratos recuerdos, y antes de partir para sus nuevos viajes, me decía: «Nuestro querido poeta vasco habita en las selváticas orillas del Río Negro, en una pobre vivienda de paja y barro, casi en la miseria y lleno de privaciones! ¿Es posible que habiendo tanto entusiasmo entre los vascongados, entre los que tanto aman las glorias de su tierra, se consienta que este hombre viva así? Vosotros, los que, por medio de la prensa, habláis a la opinión de nuestros pueblos, debéis emprender la generosa tarea de mejorar la suerte del ilustre cantor popular. Redimiéndole, y no se le redimirá, sino devolviéndole a su país amado. Los entusiastas guipuzcoanos, los heroicos hijos de Bilbao, los cultos y severos alaveses, deben, unánimes, solicitar que las respectivas Diputaciones, concedan al mejor y más inspirado de los bardos eúskaros una pequeña renta, una modesta pensión, respectivamente, para que viva y descanse un día a la sombra del árbol sagrado que ha hecho universal con sus cánticos. ¿Consentirá el país que Iparraguirre expire olvidado en tierra extranjera? ¡Oh!, si así fuese, debieran callar avergonzados todos los particulares, todos los pueblos y todas las Corporaciones que, en los días solemnes, pronuncian su nombre con cariño, cuando, henchido de gozo, escucha el corazón las canciones que un día improvisara! O es una superficial hipocresía ese cariño, o Iparraguirre, anciano casi, debe volver a sus montañas queridas. Conozco los sentimientos de nuestro pueblo: Iparraguirre volverá. Ahora que, al parecer, todo ha muerto entre vosotros, que resucite el poeta; ¡adorad en él el ideal de vuestras eclipsadas leyes!
   Nosotros daremos el ejemplo: los vascos de aquende el mar, donde quiera que estemos, le pagaremos el viaje a él y a su familia, porque, al hacerlo así, cumplimos como buenos; y nuestros descendientes no nos censurarán por haberle abandonado. »
   Con las lágrimas en los ojos he leído cuanto trascribo. Al lado de las glorias con que se honra nuestro país, estará mañana la del hijo de Idiazábal, la de aquel joven hermoso, de argentina y dulce voz que ayer, con la inspiración espontánea en el espíritu, con la guitarra en la mano, vestido con el traje del aldeano eúskaro, recorrió todo el país, y gran parte del extranjero, entusiasmando a los pobres y a los ricos, a los inteligentes y al vulgo, al pueblo entero, con sus improvisaciones y sus melodías; al autor del Guernikaco arbola, que nuestros paisanos cantan con la cabeza descubierta, con la mano sobre el corazón y la rodilla en el suelo; y con el cual el pobre desterrado electrizaba un día a miles de oyentes; el amoroso cantor de Guitarra sarchu vadet; del tiernísimo Adío euskal-erriarí!, y de tantas y tan deliciosas composiciones, sabidas de memoria por todos los vascos de América.
   Honrémosle en vida, haciendo que nuestras provincias le den el honor y el bienestar que se merece en los últimos días de su vida.
   A mis queridos amigos y paisanos D. Antonio Trueba, Loredo, Villavaso, Muela, Balparda, Enciso, Delmas, Manterola, Soraluce, Olano, Hurtado de Mendoza, Araquistain, Jamar, Oloriz, Ezcurdia, Peña yGoñi, Moraza, Zarate, Ayala, los Herranes, Lezama y Manteli, les suplico que presten su poderoso calor a esta idea, y su actividad a tan noble y generosa obra, y a los diarios hermanos de nuestras provincias El Irurac-bat, El Diario de San Sebastián, El Noticiero Bilbaíno y La Paz, que reproduzcan estos ligeros párrafos, en obsequio a
nuestro desgraciado e ilustre paisano. El país entero les deberá eterno reconocimiento. La posteridad no les llamará ingratos.

RICARDO BECERRO.




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Biblioteca Bascongada
TOMO, DOS PESETAS
Esta obra llegará a formar la historia foral, literaria, artística, industrial y comercial de las cuatro provincias basco-navarras.
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ADMINISTRACIÓN, GRANVIA , 24.

Se imprimió en julio de 1896




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