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Miguel Los Santos Uhide
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Iparraguirre, José Mª. (bardo)

Escritos sobre música > TEMAS GENERALES > Iparraguirre, José María (bardo)

IPARRAGUIRRE
Y
EL ÁRBOL DE GUERNICA

BIBLIOTECA BASCONGADA DE FERMÍN HERRÁN
TOMO II
B I L B A O
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Imprenta de la BIBLIOTECA BASCONGADA
Müller y Zavaleta, Gran Vía 24
1896


JUAN MANÉ Y FLAQUER.
1879.
El Oasis, (tomo II—páginas 358 a 372.)

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   También vio la luz primera, nacido el 12 de Agosto de 1820 y bautizado el día siguiente en la iglesia parroquial de San Martín. Su padre, aunque natural del caserío de Egoenecoa, en Idiazábal, tenía una confitería en la calle Mayor de Villarreal, núm. 10.
   A los cinco años, Iparraguirre fue llevado a la villa Cerain, al lado de su tío, que era maestro de escuela. Allí estuvo hasta la edad de once años que pasó a Vitoria para estudiar el latín. El año siguiente, sus padres se trasladaron a Madrid, a donde les siguió Iparraguirre, y allí, por recomendación del P. Unanue, ingresó en el colegio de San Isidro.
   Pocos días después ocurrió la muerte de Fernando VII, y el niño Iparraguirre, exaltado sin duda por las observaciones que oía en su casa, tomó la atrevida resolución, sin consultarla con nadie, de volver a su país, y se fue a pié hasta la casa de su tío, que, como hemos dicho, residía en Cerain, Este buen tío, en castigo y enmienda de su escapatoria, le mandó hacer examen de conciencia y le envió a Lazcano a confesarse con un fraile carmelita conocido suyo; pero ya había principiado la guerra, y a la mitad del camino Iparraguirre encontró a carlistas y cristinos, que se estaban batiendo, y para huir de ellos se refugió en la choza de un pastor, donde pasó la noche.
   A la mañana siguiente se dirigió a San Gregorio de Alasín, donde habían pernoctado los carlistas, y sentó plaza en las filas. Súpolo su tío, fue a buscarle y le llevó a su casa; pero al mes volvió a escaparse, y entró de voluntario en el primer batallón de Guipúzcoa, cuando apenas había cumplido los trece años. En la sangrienta acción de Arrigorriaga, recibió una herida leve en la pierna, y en el famoso ataque del puente de Castrejana, una bala le dio en la culata de la carabina mientras estaba apuntando, la cual le produjo una fuerte contusión en la cara. Pocos días antes de la batalla de Mendigorría, donde recibió una contusión en la cabeza y estuvo a punto de caer prisionero, el comandante general le nombró cadete de uno de los batallones que militaban a sus órdenes. Ocho días antes de la muerte del general Sagastibalzu, Iparraguirre fue destinado a la guardia de alabarderos creada por Zumalacarregui.
   A la terminación de la guerra, Iparraguirre emigró a Francia donde aprendió el francés y un poco de música, y como tenía buena voz y hermosa figura era muy buscado y aplaudido en su carrera de cantor ambulante. En Lyón, gracias a la recomendación del general Cabrera, y en París por la protección del Marqués de La Rochejaquelin, fue muy obsequiado y cosechó abundante dinero. En tiempo del Imperio, los republicanos le hacían cantar la Marsellesa, lo cual producía gran entusiasmo, y algunas veces ocasionó riñas entre republicanos e imperialistas; de resultas de lo cual, el gobierno francés lo expulsó del país. Dirigióse a Londres, calculando que con motivo de la Exposición Universal, habría allí muchos españoles que podrían gustar de sus cantos. Un día que en un concierto cantaba una canción bascongada en estilo tirolés, se le acercó el General Mazarredo, le dio un apretón de manos y le prometió interesarse con el Embajador español para lograr su indulto; y efectivamente, a los pocos días se le entregó un pasaporte para que pudiera volver a su patria. Hizo la travesía de Inglaterra a España en un bergantín que estuvo a punto de perderse antes de llegar a Santoña. Pasó de allí a Bilbao, donde fue recibido con grande agasajo, por la juventud vizcaína.
   ''En aquella época no sabía lo que ''eran fueros—dice con muchísima ingenuidad el vate guipuzcoano, en una ''carta suya que tengo a la vista—y un ''joven ilustrado me explicó lo que ''significaba el árbol de Guernika. Me ''entusiasmó, y aquella misma noche ''canté lo que más tarde ha cantado ''todo el pais. '' El elogio que por aquel entonces hizo de él en La España el Sr. D. Pedro de Egaña, valieron a Iparraguirre mucha popularidad y mucho dinero, pero le sucedió en Vizcaya lo que le había sucedido en Francia. Recorriendo el país, su simpática
figura, su hermosa voz, la vehemencia y el sentimiento con que se expresaba, exaltaban los ánimos, produciendo un verdadero entusiasmo en cuanto le oían. El gobierno creyó que esta peregrinación podría ser peligrosa para el orden público; le hizo prender por la guardia civil y le desterró de estas provincias.
   Continuó Iparraguirre su vida de trovador errante por Asturias y Galicia; pasó luego a Portugal, y a los tres años volvió a su país, donde fue muy bien recibido y agasajado, hasta por personas de tan elevada posición como el General Lersundi. Iparraguirre ha sido siempre pobre, aficionado a la vida vagabunda de los antiguos trovadores, pero siempre fue honrado, jamás mereció ni una ligera corrección de sus superiores, ni ha dado pretesto a la menor acción de la justicia.

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   Notará V. en estas composiciones (se refiere al Guemicaco Arbola) que su compás es de cinco por ocho, que no he visto usado sino en estas provincias. Es difícil que, siendo yo lego en la materia, le haga comprender lo que es este compás, pero oigo decir que se aproxima a nuestro tres por cuatro, precipitando un poco el movimiento.
   El efecto que esta canción produce en los vascongados es imponderable.

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   La oí por primera vez en una serenata que me dieron en Bilbao los que tenían conocimiento de que yo había defendido los fueros en una serie de artículos publicados en el Diario de Barcelona, y después coleccionados en folleto. Confieso que me impresionó profundamente. Hay en su música algo que llega al fondo del alma y le arranca lágrimas de dolor y gritos de entusiasmo. Es melancólica como el acento de una madre que acaricia al hijo cuya vida ve en peligro; pero de la madre cristiana, a quien el dolor no arranca nunca gritos de desesperación. En sus notas de entusiasmo hay algo de misterio que nos recuerda el canto de los mártires que iban, resignados y valerosos, a morir por la fe que inflamaba sus almas. A cada estrofa, la multitud que había permanecido silenciosa, interrumpía el silencio de la noche con gritos entusiastas; y, sin duda por estas manifestaciones, que nada tenían de subversivas, la autoridad prohibió que se tocase o cantase el Guernikaco arbola en los sitios públicos, siendo yo causa inocente de que se privara de este desahogo al pueblo más fácil de gobernar, por ser el menos dispuesto a las transgresiones de la ley y al desacato a la autoridad.
   Iparraguirre, impulsado por este espíritu aventurero que dio tantos hombres célebres a su país, fuese a América, estableciéndose en una de las repúblicas del Río de la Plata; cuando ya todo el mundo le consideraba muerto, se recibió una carta suya, fechada el 4 de Marzo de 1877 en Costa del Arroyo El Dacá, dirigida a sus amigos de Guipúzcoa, en la cual se lee ''Me dicen V.V. que les pinte mi verdadera situación: hace 18 años me casé en la ciudad de Buenos Aires, en la 'Iglesia de San Ignacio. A los pocos meses, vine a esta república y me
agradó más por ser más pintoresca y sobre todo más montuosa (siempre me han gustado las montañas.)''
   ''Tengo seis hermosas niñas y dos varones; el mayor tiene 16 años y el menor un mes (¡no se asusten!); de las niñas, la mayor tiene 12 años. En todo este tiempo, he presenciado siete ú ocho revoluciones, sin mezclarme en los disturbios del país, ¡suspirando siempre por mi amadísima tierra! He tenido buenas habitaciones, que para nada me han servido, porque no tenemos un año bueno, pudiendo decirse que hemos sufrido las siete plagas; de manera que tengo muy cortísima fortuna, recolectada en Buenos Aires y en el Paraguay. El Sr, Romero Giménez, director del Correo Español que hace cuatro meses y medio que está preso en un buque de guerra por cuestiones políticas, fue el noble y generoso iniciador de la suscripción en mi favor que me produjo algún dinero.
   Esta suscripción de sus compatriotas y de algunos extranjeros, permitió a Iparraguirre volver a su país natal, precisamente cuando éste acababa de sufrir la calamidad de una guerra civil de tres años, y el inmerecido castigo de la pérdida de sus amadas libertades. Sin hogar y sin familia, porque dejó la suya en América, quizás
desilusionado, viviendo de la generosidad de unos pocos amigos que no le desamparon en su desgracia.
   ¿Será posible que la noble Euskalerría, aun en medio de su ruina y desdicha, no pueda mitigar las tristezas de la vejez de aquel a quien debe el único consuelo que hoy le queda en medio de su dolor, que es desahogar las penas de su corazón cantando el amor que en él anida, aún ardiente, simbolizado en el Árbol de Guernica.


JUAN MANÉ Y FLAQUER



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Biblioteca Bascongada
TOMO, DOS PESETAS
Esta obra llegará a formar la historia foral, literaria, artística, industrial y comercial de las cuatro provincias basco-navarras.
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Puntos de suscripción y de venta, en las principales librerías, y en Bilbao en la
ADMINISTRACIÓN, GRANVIA , 24.

Se imprimió en julio de 1896




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