Miguel en la escuela
Miguel Los Santos Uhide
Cosas mías
Contacto: uhide@live.com
Vaya al Contenido

Iparraguirre, José Mª. (bardo)

Escritos sobre música > TEMAS GENERALES > Iparraguirre, José María (bardo)



IPARRAGUIRRE
Y
EL ÁRBOL DE GUERNICA

BIBLIOTECA BASCONGADA DE FERMÍN HERRÁN
TOMO II
B I L B A O
___________________________
Imprenta de la BIBLIOTECA BASCONGADA
Müller y Zavaleta, Gran Vía 24
1896


    Y seguía recibiendo cartas de Iparraguirre que pintaban bien su triste situación y algunas de las cuales acaso sirvan de apéndice a éste tomo y como cada día se ponía peor lo del apoyo al pobre Iparraguirre, en 15 de Noviembre de 1878 me vi obligado a publicar el siguiente artículo que atendiendo a mi súplica reprodujeron todos los periódicos del país:


    Gracias querido Fermín, pues me alientas en mi desventurada suerte; pues bien sabes que se trata de una cuestión de vida o muerte, que no otra cosa es para mi el marchar a América o el quedarme en España. Quiera Dios que Jos esfuerzos de todos vosotros, Aragón, Manteli, Gancedo, Acha, Becerro, Quiroga, Laredo, Lezama, Garmendia, Trueba, Azcárraga, Manterola, Campión, etc. etc., mis queridos amigos, contando con los buenos vascongados, consigan mi anhelante deseo de dejar mis huesos en esta tierra que yo adoro con delirio; es lo único que para este mundo me atrevería pedir a Dios y a vosotros.

    Carta de José María de Iparraguirre a Fermín Herrán, de 24 de Octubre ISJS fechada en Barrio y valle de Santa Lucia, cerca de Zumárraga.

    El coblakari vascongado, el poeta que cantó al árbol de Guernica, y a nuestras fiestas, y a nuestras glorias; el expatriado que vivió lejos de su patria largos años, siempre pensando en volver a verla, en morir en ella, se encuentra todavía sin poder considerar realizadas sus esperanzas de no salir ya de su patria, él que vino de remotas tierras, abandonando a su esposa e hijos, para responder al cariñoso llamamiento de sus paisanos que ansiaban verle, y le prometían una existencia tranquila y venturosa, para lo que le quedaba de vida.
    Llegó a España y a la tierra eúskara y sus hermanos de aquí le recibieron, entre aclamaciones, le agasajaron como a su poeta querido y le hicieron creer, aunque por breve tiempo, que sus desdichas, sus desventuras, iban a tener fin, encontrando en la tierra en que nació auxilio y protección bastantes para no temer ya verse expuesto a las contrariedades e injusticias de la suerte. En Bilbao, en Vitoria, en San Sebastián, en donde quiera que estuvo, el entusiasmo que produjo con su presencia excede a toda ponderación, todos se desvivían por saludarle, por complacerle, todos se lo disputaban, todos ansiaban contemplarle, oír su voz, tantos años no escuchada, entonando nuestros populares himnos, que todos conocían; los ofrecimientos venían de todas partes, todo parecía poco para el viejo poeta y este llegó a creer que había hecho bien en volver a su país, al verse objeto de tantas atenciones, de obsequios tan multiplicados. En el corto periodo en que esto tuvo lugar, Iparraguirre, se vio trasportado a aquellos tiempos en que a los acordes de su guitarra, inseparable compañera de sus alegrías y amarguras, entonando con poderosa voz, el Guernicaco arbola, hacía caer de rodillas a una multitud inmensa que, con religiosa admiración le escuchaba, y con frenético entusiasmo le aplaudía. Pero aquel frenesí terminó, como termina todo en el mundo; el viejo coblakari, marchó al caserío donde vivieron y murieron sus padres, donde corrió tranquila su infancia, llevando el agradecimiento por tan cordial y cariñosa acogida y la esperanza de que los que le habían estrechado en sus brazos, no olvidarían sus promesas, tendrían presente que, pobre y sin recursos, sólo por la generosidad de aquéllos a quienes sus cantos habían entusiasmado, podía vivir, aunque fuera modestamente. Pronto hubiera sido olvidado, si algunos buenos amigos, a quienes confió su miseria, y la precisión en que se hallaba de partir otra vez a América a dedicarse, al lado de su familia, a sus ocupaciones anteriores, no hubieran tenido el acuerdo de poner en conocimiento de todos el triste estado en que el pobre trovador se encontraba, demandando para él un auxilio que no podía negársele, y proponiendo la forma que, en su entender, era la más propia para llevar a cabo su propósito. Era éste el de que las Diputaciones de las cuatro provincias eúskaras, señalasen una módica pensión a Iparraguirre, imponiéndole la obligación de componer todos los años cierto número de canciones vascongadas con asuntos de su. elección. El proyecto quedó sin realizar, porque se tocaron inconvenientes que en un principio no se creyó pudieran existir, no siendo el menor la penuria de las cajas provinciales, que era tal, como nunca se había conocido. Así continuaron las cosas,, hasta que en los tiempos actuales, Iparraguirre, cansado de esperar, casi está determinado a abandonar este país donde no encuentra medios de subsistir, y volver al seno de su familia, a la que esperaba recibir aquí, para morir en lejanas tierras, llevándose,— con él el desconsuelo de que una tierra extraña, que no es la suya, cubra sus huesos cuando la muerte hiele sus cansados miembros y su, entusiasta corazón,—la pena de ver la ingratitud de que ha tenido muestras por parte de los que le deben sus más legítimas alegrías, de sus paisanos, que nada hacen por él, a pesar de que desean hacer algo.
    Iparraguirre tiene derecho al agradecimiento de los vasco-navarros; nadie como él ha influido en su carácter, nadie ha alegrado sus fiestas; nadie ha despertado de tal modo su entusiasmo, y si hoy que es viejo, aunque entusiasta y viril, y lleno de inspiración y amor al país, le dejan morir de hambre y partir a lejanos climas, no serán los que tal hagan dignos ni aún de escuchar sus sublimes canciones, ni de pronunciar su nombre, que es una gloria vascongada, vinculada a las más brillantes de «este pueblo, que nunca ha sabido ser
ingrato.
    La voluntad es conocida; todos desean acudir en auxilio del trovador eúskaro; sólo hace falta que se encuentre la forma mis cómoda y expedita de verificarlo, y a eso han encaminado sus esfuerzos algunos de los más decididos y entusiastas, habiendo tropezado con las mismas dificultades de siempre. No es posible ni conveniente que las Diputaciones lo hagan, porque esto debe ser una manifestación libre y espontánea del pueblo, de cuyo seno ha de partir directamente, si el auxilio ha de revestir el carácter que debe tener, ajeno a toda intervención oficial. La colecta o demanda directa tiene también sus inconvenientes a que dará origen la vanidad de los unos, la tacañería de los otros, y sólo en un medio indirecto puede hallarse la manera mejor y la más fácil de realizar la aspiración común, y a manifestar cuál es y el modo de llevarla a cabo, están destinados estos renglones, que ha inspirado mi amor al país y a su dignidad y el cariño y la admiración que profeso al antiguo verzolari, al infortunado cuanto ilustre Iparraguirre.
    He aquí el medio que yo propongo para realizar tan noble propósito; creo que, sino a todos, agradará a la mayor parte, porque sobre ser digno del objeto y de la persona en cuyo favor ha de hacerse, facilita la ejecución y está al alcance de todos, no representando sino un pequeño sacrificio, doblemente compensado y de resultados incalculables.
    Las personas más entusiastas y amigas de Iparraguirre de las cuatro capitales, de las cuatro provincias hermanas; los que se interesan por la dignidad y el honor de su país, y por la suerte del que cantó sus glorias venerandas, deben formar una comisión con el exclusivo objeto de promover, cada una en su localidad, una función teatral, dramática, lírica o mixta, cuyos productos se destinen a aliviarla suerte de Iparraguirre. Como estas funciones han de ser anuales para cada población, convendría que se celebrasen en distintos trimestres, de este modo, por ejemplo: trimestre primero (1º Enero a 1º Abril), se dará la función en Vitoria; segundo trimestre (1º Abril a 1º Julio), en San Sebastián; tercer trimestre de Julio a 1º Octubre), en Pamplona; cuarto trimestre (1º de Octubre a 1º de Enero), en Bilbao. De este modo podría asistir a dichas funciones el mismo Iparraguirre, el cual compondría nuevas canciones que irían paulatinamente enriqueciendo nuestra música vascongada, teniendo la satisfacción, el bardo inmortal, de vivir entre la raza eúskara, de la que parece ser el más fiel representante, y nosotros, los vasco-navarros, la de no haber abandonado al poeta músico que destrozó nuestra alma con su canto de resurrección, que hará reverdecer siempre el árbol emblema de nuestras santas libertades.

FERMÍN HERRÁN.

    Después de escrito este artículo, recibo una carta de Ricardo Becerro, que dice así:
    «El pobre Iparraguirre me ha escrito, y no sé qué hacer en este asunto... De aquí a ocho o diez días
se va a encontrar Iparraguirre sin un céntimo, y sin tener a quién volver la cara. Mis excitaciones a los hombres
distinguidos del país, no han hecho efecto. ¡Pobre Iparraguirre! Yo vivo en Palencia, lejos de esas provincias,
en las que algo podía trabajar en su favor, y de Madrid, desde donde podría ayudarle no poco...
    . . . Tal vez muy pronto, se embarque de nuevo el poeta para América, y... en nuestras provincias se seguirá hablando mucho del patriotismo y del vascuence y de la música y de los zortzicos de Iparraguirre, mientras le dejamos morir de hambre y fuera de su tierra adorada.»
________________________

    Se suplica a los periódicos vascongados que publiquen en sus columnas este artículo, y su postdata.

FERMÍN HERRÁN.



===============================================

Biblioteca Bascongada
TOMO, DOS PESETAS
Esta obra llegará a formar la historia foral, literaria, artística, industrial y comercial de las cuatro provincias basco-navarras.
_________________________________________
Puntos de suscripción y de venta, en las principales librerías, y en Bilbao en la
ADMINISTRACIÓN, GRANVIA , 24.

Se imprimió en julio de 1896







Regreso al contenido