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Azarola, José (pianista "muy personal")

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         Este reportaje incluye el que se publicó en la revista VIDA VASCA, el 1 de enero de 1944.
         Este enlace, nos muestra el otro reportaje muy interesante, en el que se incluye un fragmento, en YouTube, de la película "Un enredo de familia" (fragmento), Ignacio F. Iquino (1943) en la que se puede admirar su peculiar facilidad para tocar el piano en cualquier postura.
 
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JOSÉ AZAROLA, EL MÁS PERSONAL INTÉRPRETE DEL RITMO MODERNO

 
         por Ramón Salanova

 


         Al empezar a escribir estas cuartillas para VIDA VASCA parece como si las palancas de la máquina de escribir se levantaran, puestas de acuerdo tácitamente, para expresar la satisfacción de quien las mueve. Realmente la gran revista es un positivo orgullo de la gran región española, y el escritor se siente justificadamente halagado en su grato menester cuando sus pensamientos y sus palabras van a tener un lugar en el concierto espléndido de una publicación de su prestigio.
         Vaya también por delante la consideración de que un periodista aragonés es el que se va a ocupar de una figura vasca en una revista tan caracterizada. Ello índica, entre tantas cosas agradables que la figura de Azarola, tan hondamente enraizada en la próspera región es una espléndida proyección suya, como tantas otras en la vida nacional, y que la popularidad del arte y de la persona de Azarola, vasco, es tan real, que cualquier periodista inquieto, de cualquier punto de nuestra península, puede lanzarse a hablar de Azarola sin que le falten cosas que decir.
         El desbordante optimismo de José Azarolla es casi tan popular por no decir más que su propio aplaudidísimo estilo pianístico. Azarola, de técnica pianística envidiable tiene la gran virtud de haber transido e iluminado su arte con una simpatía personal sin límites. En Azarola es, ante todo, el hombre; y como una faceta segunda, el pianista. Y al hacer esta afirmación recuerdo que en Madrid, pude asistir a las primeras exhibiciones de Azarola en un lugar enteramente aristocrático. Y que el «maître», advertido a tiempo de que Azarola solía dar libre curso, en sus actuaciones, a ese temperamento extraordinario que le lleva a cantar o a hacer variedades un tanto circenses, se creyó en la obligación de recomendar a nuestro pianista que «cuidase celosamente los modos». Azarola por toda contestación le manifestó que garantizaba el éxito de sus intervenciones. Y así fue y del modo más ruidoso, porque Azarola, si bien se permitió todas las «excentricidades» que la inspiración y su temple envidiable le aconsejaban logró con creces que se estableciera entre su público y él una corriente de simpatía cuya sugestión, con la sugestión de su música le aseguraba ya toda libertad de movimientos

 
     
Azarola al frante de su propia orquesta.

 
         Azarola es vasco. Se lo conocemos enseguida aun viéndole en Zaragoza o en Madrid. Su boina es la prenda característica que corona siempre su silueta. Y también es vasca esa contextura física que le permite llevar el piano de una sola mano, hasta el sitio preciso en que él quiere usarlo, y que se formó en el Norte manejando el hacha, la moto o el coche por sentir el contacto agradable con la tuerza o con la velocidad, y la facultad de ingerir sin consecuencias treinta «potes» de cerveza u otros tantos «chiquitos».
         Pero su temperamento es un temperamento tumultuoso exuberante, más bien meridional. Azarola, aun hecho ya un virtuoso, no ha podido ser un pianista a lo clásico porque su temperamento, desbordante, no lo ha permitido. Una vez adquirido el dominio de lo que de oficio tiene el piano, derivó forzosamente hacia el ritmo moderno. Creemos sinceramente que de no existir todavía sería ésta una modalidad musical introducida intuitivamente por Azarola
         Azarola cuenta en la actualidad 37 años. Nació en Zumaya. Sus padres eran personas bien acomodadas, y de ellos su progenitor maestro nacional. Es curioso dejar consigna de que, como maestro, el padre de Azarola fue el primer profesor de figuras hoy de gran notoriedad, entre ellas del padre Nemesio Otaño y del señor Obispo de Santander, doctor Eguino y Trecu.
         Nuestro pianista hizo sus primeras armas en la música con don Luis Urteaga, el prestigioso maestro actualmente organista de San Vicente, de San Sebastián, pasando después a recibir lecciones del aplaudido y conocido pianista Pagola de la misma ciudad.
         El padre de Azarola, captado por el mundo de las finanzas, no veía con buenos ojos la derivación artística de la trayectoria de su hijo único y éste se resignó por el momento, aprendiendo la contabilidad y acudiendo puntual a una oficina bancaria en la que había ingresado.
         Llegó un momento, sin embargo, en que las facultades de Azarola se manifestaron tan espléndidamente que su padre no opuso ya dificultades a que su hijo fuese a Madrid a examinarse como libre, en nuestro primer Conservatorio, en el que obtuvo, como final de carrera, premio extraordinario, a los diecisiete años de edad
         A partir de este momento es difícil resumir las actividades artísticas de Azarola. Pero, antes de hacerlo, queremos recoger aquí una de las primeras anécdotas de su vida artística y que él recuerda con más cariño. Por entonces (a los diecisiete años de Azarola) se dio un festival benéfico para la Cruz Roja en la fábrica de órganos de Eleizgaray en Azpeitia. Presidía S. M. la Reina Madre, y se iba a interpretar el Coro de Peregrinos de «Tannhäuser» a órgano y piano. En la fábrica estaban montados dos órganos que habían sido construidos para León y Vigo, respectivamente. En uno de ellos acababa de dar un concierto como primera parte, el gran organista Echeveste. En el segundo se sentaba el prestigioso compositor y organista de Sevilla, maestro Almandoz. Y Almandoz al órgano y Azarola al piano, iban a tocar el Coro de Peregrinos. A la sazón había sido introducido como gran novedad, el órgano complementario de armónicos, y uno de los fabricantes, don Ignacio Fernández Eleizgaray, deseando ofrecer las primicias de aquella novedad a la Reina, se había adentrado estratégicamente en el órgano para producir, en el momento oportuno, el maravilloso efecto de color de matices insospechados de aquel coro de ecos. El efecto iba a ser tan lo más sensacional por cuanto, llegado el instante preciso, ante el pasaje que debía tocar solo el señor Eleizgaray, oculto a los ojos de todos, los otros dos ejecutantes Almandoz y Azarola dejarían de hacerlo. Ocurrió sin embargo que cuando debía levantar las manos del teclado, el maestro Almandoz se distrajo y sin dar lugar a la intervención del órgano de armónicos hilvanó sin solución de continuidad el siguiente pasaje de su particella El concierto estuvo a punto de quedar malparado por cuanto faltó poco para que Almandoz, advirtiendo segundos después su equivocación y encontrándose solo, vacilara y se interrumpiera. La serenidad de Azarola (que después reconocía emocionado Almandoz) le salvó, ya que él, comprendiendo la gravedad del momento, atacó enseguida con toda decisión les compases siguientes. El concierto terminó felizmente pero el fabricante no pudo ofrecer a la Reina y a la selecta concurrencia que llenaba la amplia nave la novedad del órgano de armónicos, y resultó inútil el complejo montaje instalado al efecto y las no pequeñas molestias sufridas durante un par de horas por el señor Eleizgaray en su incómodo escondite. Azarola como los demás intérpretes, fue muy felicitado. Aquel día había vestido nuestro pianista por primera vez en su vida el smoking: y así, vestido de moderno caballero este concierto fue para él como el espaldarazo definitivo en orden a las lides pianísticas. A partir de aquel día empezarían a sucederse los aplaudidos recitales cada vez en mayor número, de Azarola ya acompañado ya solo tanto en teatros y emisoras de radio como en salas de concierto o de baile.

 

Un monumental afiche de Azarola en la fachada del Price de Madrid

 

Monumentales afiches de Azarola y Roberto Font, el gran caricato, en la fachada del Tívoli, de Barcelona

 

La ágil cámara de Manuel Serrano ha recogido este salto inverosímil de Azarola, entre acorde y acorde...

 

 
         Azarola, entregado ahora de lleno a la vida musical comenzó interpretando indistintamente obras clásicas y música ligera. Y si queremos encontrar el agente catalizador que hizo polarizar precipitadamente las actividades pianísticas de Azarola en la interpretación del ritmo moderno,—casi exclusivamente el fox.—habrá que buscarlo en su primera salida al extranjero Nuestro pianista visita Francia y se pone en contacto con grandes solistas de este género. Y al conjuro de aquellas poderosas individualidades en el género, se brota también torrencialmente la modalidad personalísima de Azaróla como intérprete de música sincopada. Pronto advierten y reconocen cuantos le oyen su mérito excepcional y es contratado por el Casino Municipal de Biarritz y por el Gran Teatro de Burdeos, acompaña al lamoso acordeonista Emile Vacher en una jira apoteósica por varias ciudades francesas, recala en las radios parisinas alternando con sus celebradas actuaciones en el Theaire A. B. C. Casino de París y Petit Casino, principalmente, impresiona discos Odeón y hasta la «Excelsior» le llama para hacerle intervenir en una película.

 

 


 
         Azarola vuelve a España y sus actuaciones personales causan sensación. En torno a sus recitales, siempre ovacionados, surgen a menudo dos grupos de opiniones: uno, numerosísimo, que le aclama sin restricciones y le vitorea dejándose sugestionar rápidamente por su arte y por su simpatía, otro, más reducido y pretencioso, que atribuye sentido peyorativo al género moderno y le cree arte menor: esta es la razón por la cual Azarola a pesar de que muchísimas piezas clásicas que son tenidas por difíciles sean mucho más asequibles que esas cataratas de notas y ese alarde de contraposición de ritmos y cantos de muchas de las improvisaciones de nuestro pianista tenga especial empeño en interpolar de cuando en cuando piezas clásicas.
         Haríamos interminables estas cuartillas si pretendiéramos consignar aquí las emisoras de radio, los teatros y las salas de espectáculos de España que han vibrado a los acordes de Azarola.
         De su éxito y de su popularidad da idea el hecho de que es larga la lista de entidades beneméritas o sociedades de recreo que le tienen por socio honorario. Algunas de sus composiciones originales han constituido la palpitante actualidad de emisoras y salones y sus discos han obtenido un franco éxito de venta. Como la más popular de sus piezas origínales debe tenerse la «tamborrada» típica ya en San Sebastián y pieza obligada en buen número de festejos populares de la capital donostiarra.
         Entre sus últimas escapadas al extranjero es muy interesante su actuación el pasado invierno, en el Wonder Bar del Casino de Estoril, en la maravillosa Costa do Sol. Su actuación allí,—que tendrá una segunda parte este verano,—ha sido uno de los éxitos más rotundos de su vida artística, y Azarola se vió solicitado reiteradamente en fiestas oficiales, de embajadas, grandes galas etc, y la figura de Azarola, desgranando siempre optimismo,—bien tocando el piano ya en su trato íntimo,— llamó poderosamente la atención de los críticos e informadores de sociedad de la capital lisboeta,

 
En el festival de la Kermess del Distrito del Hospicio, de Madrid, Azarola sonríe satisfecho después de su actuación, en medio de destacadas personalidades entre las que reconocemos al Marqués de Valdavia y a Roberto Font.

 


Azarola dando libre curso a su inspiración en el Chalet «Buena Vista» , de Zaragoza.

 

 
cuya Prensa,—como «O Seculo» y «Diario de Lisboa».—le dedicó curiosas informaciones y agudas entrevistas, en las que el reconocimiento de una personalidad destacadísima en nuestro pianista es el común denominador. Es de advertir asimismo que el cine portugués —como también lo había ya hecho el español en las películas «Un enredo de familia» y «Turbante blanco»—llevó de nuevo al cine la proteica faz y el arte magnífico de nuestro pianista.
         De este modo, el brote único del antiguo árbol genealógico de la rancia estirpe vasca de los Azarolas (sobre este tema existe un documentado trabajo del embajador plenipotenciario del Uruguay en Buenos Aires y pulcro escritor Excelentísimo Sr. D. Luis Enrique Azarola Gil, que recoge la tradición familiar de los Azarola desde 1640), abandonó los medios financieros y hasta los estrechos límites regionales para volar a todo lo ancho del mundo artístico.
         Y antes de dar fin a estas impresiones y relatos sobre Azarola, queremos aludir a la fuerza de los dedos del pianista. Estas manos, que están aseguradas en un millón de pesetas tienen tanta fama de virtuosas como de forzudas. Y a ello predispone un tanto el aspecto mismo de Azarola de hombre espléndidamente saludable y fuerte. A este respecto es curioso lo que le ocurrió con ocasión de su presentación en el Circo Price de Madrid. Azarola se encontró con un piano execrable que ponía en peligro su actuación personal, tanto más comprometida cuanto que había sido anunciada con gran alarde propagandístico: Nuestro vasco recorrió la ciudad entera en busca de un piano mejor, pero, al saberse que era para Azarola todas las casas de alquiler de pianos se negaban a proporcionarlo. Entonces Azarola no tuvo mas remedio que afinarse él mismo el viejo piano del Price y lanzarse a la aventura. Nuestro pianista fue ovacionado entusiásticamente. Y—según nos contó él mismo— cuando salía, terminado ya el programa, entre los espectadores, pudo oír el siguiente comentario «El piano parecía un cacharro, pero eso era por fuera, para dar más «teatro» a la cosa. Menuda maquinaria tendría dentro.»
Y terminaremos con las mismas palabras con que decíamos a los lectores de «Dígame», con motivo de la última actuación de Azarola en Madrid, quién era nuestro gran artista: A Azarola le llaman en la propaganda cinematográfica y teatral «el pianista cuatro manos» «el pianista eléctrico» «el pianista relámpago» «el mago del piano» («el hombre orquesta», le llamaba el redactor de «Diario de Lisboa». Azarola, desde luego, es todo eso. Y algo más. Es un virtuoso del piano con unas facultades extraordinarias, orientadas perfectamente hacia el ritmo moderno. Tan es así que Azarola es eso: ritmo vivo, inspiración inagotable traducida en síncopa, en una síncopa que adquiere cualidades insospechadas al conjuro de sus manos. Cuando Azarola toca, se compenetran de tal modo el piano y él, que el instrumento, más que formado de materia inerte parece vibrar como si fuera parte integrante del propio artista.









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